
Viaja en clase turista, se fotografía con todo el mundo, deja que lo besen, abracen o lo tomen por la cintura, y sólo cinco personas desarmadas y sus amuletos lo cuidan. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pone a temblar a policías y azafatas cuando sube a un avión comercial.
«Claro, las fotos que quieras», respondió sonriente AMLO, como también se le conoce, a una mujer que lo interceptó con la cámara de su celular lista justo cuando caminaba a la sala del avión que lo llevó a Sinaloa, la tierra del capo Joaquín «El Chapo» Guzmán, quien recibió un veredicto que lo dejará tras las rejas hasta su muerte.
Detrás de la entusiasta mujer, en cuestión de segundos, remolinos de personas rodearon al presidente que arrancó su gobierno jalando los bigotes de los feroces «huachicoleros», ladrones de gasolinas, lo que se tradujo en una amenaza directa a él en la que le exigieron la retirada de militares que combaten ese delito.
López Obrador ordenó que las miles de escoltas militares que han cuidado a los presidentes hicieran trabajos «en beneficio del pueblo», y los sustituyó con una «Ayudantía», encabezada por Daniel Asaf, un restaurantero de origen libanés y excandidato para la Asamblea legislativa de la Ciudad de México.


Más historias
Sheinbaum reafirma el compromiso de México con la paz mundial ante conflicto en Medio Oriente
Sheinbaum agradece a la FIFA su respaldo a México como sede del Mundial 2026
Cancelan Mundial de Clavados de Zapopan, Jalisco, tras ola de violencia